Silicon valley se echa a platano: el ex-padre del microchip advierte de un peligro silencioso
Federico Faggin, el físico italiano que ayudó a forjar Silicon Valley, ha regresado a su pueblo natal, Vicenza, con una profunda desilusión. Después de medio siglo en Estados Unidos, el inventor que dio vida al primer microprocesador comercial, el Intel 4004, considera que el espíritu innovador que caracterizó a ese valle californiano se ha evaporado.
La tecnología se convierte en manipulación
“Hoy en día, el software se utiliza para engañar a la gente,” afirma Faggin en una entrevista para Corriere della Sera. No se trata de demonizar el software, sino de denunciar un modelo de negocio que, según él, ha priorizado la influencia sobre la creación de herramientas verdaderamente útiles. El Silicon Valley que conoció en 1972 era un caldo de cultivo de posibilidades, un lugar donde la respuesta a un desafío no era necesariamente un ‘no’, sino un ‘¿y si lo hacemos?’.
Faggin recuerda que la California de aquellos años era un crisol de mentes brillantes, un ecosistema que fomentaba la resolución de problemas técnicos y la exploración de nuevos caminos. Ahora, describe una industria obsesionada con la recopilación indiscriminada de datos personales y el diseño de sistemas para controlar el comportamiento humano.
![]()
Un legado innegable, una preocupación urgente
Su nombre está intrínsecamente ligado a la historia de la informática. Como cofundador de Zilog y creador del microchip Z80, un diseño que todavía se fabrica en sistemas antiguos, Faggin demostró una capacidad excepcional para transformar ideas en realidad. Incluso Bill Gates reconoció su trascendencia, calificándolo de “pieza fundamental” para el desarrollo de Silicon Valley. Recibió la Medalla Nacional de Ciencia y Tecnología de Estados Unidos en 2010, un reconocimiento a su contribución, pero también a una batalla librada por el reconocimiento de su invento.
![]()
La defensa del libre albedrío en la era de la ia
Pero el inventor que transformó un valle de California en el corazón de la informática no se ha jubilado. Desde 2008, Faggin se dedica a investigar cuestiones relacionadas con la conciencia, la mente humana y la inteligencia artificial. Su principal preocupación es el potencial de la IA para socavar el libre albedrío, argumentando que la ética no puede reducirse a un algoritmo. Su nueva batalla, por lo tanto, no es fabricar chips más potentes, sino proteger la capacidad de tomar decisiones autónomas.
Ahora, junto a Andrea Camporese y otros, trabaja en P49, una empresa de Padua que desarrolla una inteligencia artificial con un enfoque centrado en el ser humano. El próximo gran desafío de este ingeniero español, lejos de Silicon Valley, no será la velocidad de los procesadores, sino la preservación de nuestra propia humanidad.
