Perplexity espía a sus usuarios: meta y google, los grandes beneficiarios

La privacidad en la era de la inteligencia artificial se desmorona. Un demandante estadounidense ha denunciado a Perplexity, el buscador de IA que promete respuestas rápidas y concisas, por compartir de forma encubierta las conversaciones de sus usuarios con Meta (Facebook) y Google. Un movimiento que, de confirmarse, podría sentar un precedente legal devastador para la confianza en las herramientas de IA.

El rastreo se produce incluso en modo incógnito

El rastreo se produce incluso en modo incógnito

La denuncia, presentada en calidad de acción colectiva, alega que Perplexity integra en su plataforma rastreadores de Meta Pixel, Google Ads y Google DoubleClick. Estos códigos, aparentemente inofensivos, actúan como espías silenciosos, recolectando datos de navegación incluso de quienes utilizan el modo incógnito, esa capa de privacidad supuestamente impenetrable. La información, según el documento judicial, incluye direcciones de correo electrónico y otros identificadores que permiten a Meta y Google vincular las búsquedas a usuarios específicos.

Lo que nadie cuenta es que este intercambio de datos no es una casualidad. La demanda sostiene que Perplexity recibe a cambio beneficios publicitarios y analíticos, creando un esquema donde la privacidad de los usuarios es moneda de cambio. La cifra habla por sí sola: se trata de información sensible, como datos de salud, que pueden ser utilizados para crear perfiles publicitarios hiperpersonalizados, ignorando por completo la voluntad del usuario.

Perplexity se ha convertido en un referente para quienes buscan una alternativa a los motores de búsqueda tradicionales, permitiendo a los usuarios plantear preguntas en lenguaje natural y obteniendo respuestas resumidas con enlaces a las fuentes. Pero esta comodidad tiene un precio: la exposición a un rastreo masivo que compromete la confidencialidad de las búsquedas.

Esta situación recuerda a los juicios contra las grandes tabacaleras, donde se demostró que conocían los efectos nocivos de sus productos pero ocultaron la información para maximizar sus beneficios. En este caso, Perplexity estaría facilitando el acceso a datos sensibles a gigantes tecnológicos con fines comerciales, erosionando la confianza de los usuarios y poniendo en riesgo su privacidad.

El hecho de que el intercambio de datos comience incluso antes de que el usuario interactúe con el buscador, descargando cookies en el navegador de forma subrepticia, agrava la situación. La demanda exige transparencia, control sobre los datos personales y una compensación por los daños causados.

Mientras tanto, Meta y Google, los grandes beneficiarios de este espionaje silencioso, se mantienen en silencio, esperando a ver cómo evoluciona la situación judicial. Pero una cosa es segura: este caso pone de manifiesto la necesidad urgente de regular la recopilación y el uso de datos en la era de la inteligencia artificial, antes de que la privacidad se convierta en un recuerdo lejano.