Patatas con brotes: ¿veneno en tu despensa o recurso comestible?
No es una sentencia de muerte, pero sí una señal de alerta. Las patatas que empiezan a brotar en la despensa no son, necesariamente, un peligro para la salud, según advierte Bryan Silness, director asociado de Investigación y Desarrollo de Kraft Heinz. La clave está en saber cómo actuar y qué partes descartar, evitando así un malestar digestivo.
¿Por qué brotan las patatas y qué significa?
La patata, a pesar de estar almacenada, sigue siendo una planta viva. Cuando se expone a temperaturas adecuadas, humedad y algo de luz, simplemente replica su ciclo natural: brota. Este proceso, además de los evidentes brotes, se manifiesta en cambios en la piel y en la carne, a menudo con la aparición de zonas verdes. Y es en esas zonas donde se concentran los glicoalcaloides, compuestos naturales que la planta utiliza para defenderse.
La solanina, uno de estos glicoalcaloides, puede causar náuseas, vómitos y diarrea si se consume en grandes cantidades, especialmente en niños o personas con sensibilidad digestiva. Afortunadamente, las agencias de seguridad alimentaria restan dramatismo a la situación: el riesgo no reside en una patata aislada, sino en la acumulación de exposiciones a altas dosis de estos compuestos.

El truco para aprovechar las patatas con brotes: un arte de la cocina
Silness, con su experiencia en la industria alimentaria, nos ofrece una guía práctica: si la patata está firme, sin zonas verdes extensas ni signos de deterioro, aún se puede salvar. La clave está en la meticulosidad. Con un cuchillo pequeño, se eliminan los brotes y el tejido circundante. Lo mismo ocurre con las zonas verdes, tanto en la piel como en el interior. Pelar la patata entera es una buena medida preventiva. Finalmente, una cocción completa –hervida, asada o frita– ayuda a reducir aún más la presencia de glicoalcaloides.
Pero no todas las patatas se pueden salvar. Si la patata está blanda, arrugada, seca o parece haberse encogido, o si al cortarla se observa un exceso de verdín y un olor inusual, lo mejor es desecharla. En estos casos, la calidad ya está comprometida y la concentración de glicoalcaloides puede ser peligrosa.
La precaución es la mejor aliada en la cocina. No arriesgues tu salud ni la de tu familia. Un pequeño esfuerzo en la revisión y preparación de las patatas puede evitarte un mal rato y reducir el desperdicio de alimentos. Recuerda que, según los expertos, la suma de pequeñas exposiciones a glicoalcaloides es lo que genera riesgo, no un error puntual.