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Openai podría dar de baja a sora: ¿el fin de la ia para vídeos?

El futuro de la inteligencia artificial generativa de vídeo pende de un hilo. Fuentes internas de OpenAI, la empresa detrás de ChatGPT, barajan la posibilidad de cerrar Sora, su ambicioso proyecto para crear vídeos a partir de texto. Un movimiento que sacude al sector y plantea serias dudas sobre la viabilidad a largo plazo de esta Tecnología, a pesar de su potencial disruptivo.

La avalancha de contenido de baja calidad

La decisión, si se confirma, no es una sorpresa para los analistas. Sora ha sido, desde su lanzamiento, un arma de doble filo. Si bien demostró capacidades impresionantes, también desató una oleada de vídeos de calidad cuestionable, lo que ha llevado a algunos a calificarlo de “proyecto fallido”. El problema no radica tanto en la recepción del público, aunque tampoco ha sido precisamente entusiasta, sino en la proliferación de lo que OpenAI ya conoce como “AI slop”: vídeos generados por IA de escasa calidad y valor estético, que inundan la red.

Pero la cuestión va más allá de la estética. La herramienta ha abierto la puerta al uso indebido, especialmente la creación de deepfakes, vídeos que manipulan la imagen de personas reales para ponerlas en situaciones comprometedoras o fabricar noticias falsas. Un riesgo que OpenAI parece tomar ahora con extrema seriedad, a pesar de que algunos usuarios ya habían encontrado formas de sortear las restricciones iniciales y experimentar con esta Tecnología de manera no deseada.

Lo que nadie cuenta es que la creación de vídeos con Sora exige una potencia informática considerable, un factor que, a largo plazo, podría resultar insostenible económicamente para OpenAI. A diferencia del texto, que ChatGPT genera de forma relativamente eficiente, los vídeos requieren recursos computacionales significativamente mayores, lo que se traduce en costes operativos elevados. En un negocio donde la rentabilidad es clave, esta cuestión resulta determinante.

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Según informes de Futurism, OpenAI podría estar redirigiendo sus esfuerzos hacia otras áreas más prioritarias. La mejora continua de ChatGPT, la optimización de su privacidad y la resolución de los problemas que rodean al polémico “modo adulto” se posicionan ahora como objetivos principales. ChatGPT, a pesar de su popularidad, también arrastra sus propios inconvenientes y, tras un periodo de relativa calma, su reputación ha sufrido algunos golpes recientes.

La compañía, liderada por Sam Altman, parece haber llegado a la conclusión de que el coste de mantener Sora en funcionamiento supera con creces los beneficios potenciales. La Tecnología en sí misma es potente, nadie lo duda, pero su uso problemático y la falta de una clara estrategia de monetización la han convertido en una carga más que en un activo.

La decisión, si se materializa, no solo marcaría un revés para OpenAI, sino que también podría influir en el desarrollo futuro de la inteligencia artificial generativa de vídeo. La apuesta por Sora parecía destinada a revolucionar la industria del cine, la publicidad e incluso Internet en su conjunto. Pero, al final, la realidad ha demostrado que la innovación tecnológica no siempre se traduce en éxito comercial y que, a veces, es mejor saber cuándo abandonar un proyecto antes de que se convierta en un lastre.

La cifra habla por sí sola: el coste energético de generar un solo vídeo con Sora es equivalente al de alimentar una casa durante un mes. Un dato que, sin duda, ha contribuido a la reflexión interna de OpenAI. Y mientras la empresa se replantea su futuro, la industria tecnológica observa con atención, preguntándose si este cambio de rumbo presagia una nueva era de cautela y realismo en el desarrollo de la inteligencia artificial.