Meta se afianza en el carbón: nueva planta de gas para alimentar su ia
En una decisión que levanta ampollas, Meta invertirá fuertemente en la construcción de siete nuevas plantas de gas natural en Luisiana para alimentar Hyperion, su ambicioso centro de datos de inteligencia artificial. La jugada, lejos de un giro hacia la sostenibilidad, profundiza la dependencia de la compañía en combustibles fósiles en un momento crítico para la transición energética.
Un acuerdo multimillonario con entergy corp.
La empresa tecnológica ha cerrado un acuerdo con Entergy Corp. para la construcción y financiación de estas plantas, que juntas generarán 5,2 gigavatios de electricidad. Esto, según Entergy, generará más de 2.000 millones de dólares en ahorros para los clientes a lo largo de 20 años, pero la cifra no disipa la preocupación sobre el impacto ambiental a largo plazo. La infraestructura necesaria para conectar las plantas con el centro de datos incluye 240 millas de líneas de transmisión, además de sistemas de almacenamiento en baterías y mejoras en centrales nucleares. Una inversión masiva que, inevitablemente, incrementará las emisiones de gases de efecto invernadero.
Pero hay un detalle que pocos mencionan: la creciente presión sobre las empresas tecnológicas por el impacto en el precio de la energía. El auge de la inteligencia artificial exige un consumo energético voraz, y los consumidores empiezan a sentirlo en sus facturas. El CEO de BlackRock, Larry Fink, ya ha advertido sobre cómo la IA podría exacerbar la desigualdad económica, y este acuerdo de Meta solo alimenta esa inquietud.

Trump y la electricidad: ¿quién paga la factura?
La situación se complica aún más con la intervención política. El ex presidente Donald Trump ha instado a las grandes tecnológicas a asumir el coste total de su propia energía, buscando evitar que los aumentos en el consumo de los centros de datos recaigan sobre los hogares estadounidenses. Un mensaje directo que resuena en un contexto de creciente polarización y desconfianza hacia las grandes corporaciones.
Meta, por su parte, se ha mostrado hermética sobre la cantidad total que invertirá en este proyecto, ni tampoco ha aclarado cómo este acuerdo afectará a sus compromisos climáticos. Una falta de transparencia que agrava la controversia y plantea serias dudas sobre la coherencia de la estrategia de la compañía.
La cifra habla por sí sola: 5,2 gigavatios de electricidad alimentados por gas natural, para una IA que promete revolucionar el mundo. Una paradoja que nos obliga a preguntarnos: ¿a qué precio avanzamos hacia el futuro?
