La ira contra los robots de reparto, una advertencia sobre el futuro del trabajo
La furia contra los robots de reparto, una manifestación del miedo a que la inteligencia artificial nos robe el empleo. En las últimas semanas, la violencia contra estos autónomos se ha disparado, con decenas de casos de vandalismo que generan pérdidas millonarias a las empresas que los utilizan.

La ira contra los robots de reparto
Desde patearlos hasta pintarlos con grafiti, la respuesta de algunos ciudadanos ante la invasión de robots de reparto en las calles es cada vez más agresiva. La empresa Kiwibot, pionera en este servicio, ha entregado más de 80.000 paquetes desde 2020, pero ha sufrido 1.600 incidentes de vandalismo, lo que representa un 2% de sus entregas.
En algunos casos, el ataque es frontal, como el registrado en Washington, donde un robot de reparto le pidió a un peatón que pulsara el botón del semáforo y el hombre se enfadó, gritando que estaban robando trabajo humano. Otros son más crueles, como cuando los robots son lanzados a un arbusto o decorados con pañales usados.
Esta escalada de violencia genera una pregunta peliaguda: ¿hasta dónde llegará la ira de la gente ante la invasión de la inteligencia artificial en nuestra vida diaria? Y lo que es más preocupante, ¿qué pasará cuando esa invasión comience a desplazar a los humanos de sus puestos de trabajo?
La respuesta es impredecible, pero lo que es claro es que las empresas que desarrollan y utilizan robots de reparto, como Kiwibot y Uber Eats, deben empezar a prepararse para este tipo de ataque, ya que su expansión no tiene marcha atrás.
