Ia y despidos: ¿propaganda o realidad laboral?
La amenaza de una ola de despidos masivos impulsada por la inteligencia artificial se ciernesobre el mercado laboral, pero un reconocido científico cognitivo cuestiona si estamos ante una percepción exagerada, alimentada por estrategias de marketing corporativas. Gary Marcus, figura destacada de la Universidad de Nueva York, desafía la narrativa dominante, argumentando que la IA no es la culpable que se le atribuye.

La ia como tapadera: ¿una estrategia empresarial?
La sensación generalizada de que la IA está provocando despidos, o directamente ya lo está haciendo, según Marcus, responde más a una campaña de relaciones públicas que a una realidad tangible. Las grandes tecnológicas como Google, Microsoft y Amazon han anunciado recortes significativos, justificándolos con la automatización impulsada por la IA. Sin embargo, Marcus sostiene que esta explicación es, en muchos casos, una mera cortina de humo.
“Hay gato encerrado,” afirma el experto. Lo que se presenta como una reestructuración tecnológica podría encubrir, en realidad, problemas económicos, reajustes internos o, incluso, el intento de compensar contrataciones excesivas realizadas en el pasado. La IA se convierte, de esta forma, en una conveniente coartada para decisiones que responden a factores ajenos a su mera capacidad.
La postura de Marcus no es aislada. Se une a un creciente número de voces que alertan sobre una posible burbuja de la IA, una exageración de sus capacidades que podría desembocar en una corrección brusca. Ambos bandos comparten una premisa fundamental: la falta de datos concretos que respalden la tesis de la destrucción masiva de empleos.
La cifra habla por sí sola: hasta el momento, los temores sobre la pérdida de puestos de trabajo vinculados a la IA no se han materializado. Las predicciones apocalípticas no se han cumplido, lo que pone en tela de juicio la veracidad de las alarmas.
Lo que nadie cuenta es que la IA, a pesar de sus avances, todavía se encuentra lejos de replicar la complejidad del pensamiento humano, la creatividad y la capacidad de adaptación necesarias para desempeñar muchas profesiones. La automatización, si bien elimina ciertas tareas repetitivas, también genera nuevas oportunidades y demanda nuevas habilidades. La clave está en la adaptación y la formación continua.
En definitiva, la verdadera amenaza no reside en la IA en sí misma, sino en la gestión irresponsable de los recursos humanos y en la falta de previsión por parte de las empresas. La IA es una herramienta, no un verdugo. Su impacto en el mercado laboral dependerá de cómo la utilicemos y de cómo nos preparemos para afrontar los cambios que inevitablemente traerá consigo.
