España: el mito del cohete y la realidad desigual

El Gobierno insiste en que España avanza a toda velocidad, como un cohete hacia el crecimiento. Los datos macroeconómicos lo parecen: PIB en alza, empleo resistente y exportaciones que se defienden. Pero bajo la superficie, una historia muy diferente se revela: la de una sociedad donde la riqueza se concentra y la brecha entre generaciones se amplía a un ritmo alarmante.

La promesa vacía de la recuperación

La recuperación post-crisis de 2008, según el mantra oficial, ha sido un éxito. Sin embargo, al analizar la evolución de la riqueza familiar, la imagen se desmorona. La EFF confirma que, mientras en 2008 los activos representaban el 89,1% del valor total de los hogares, en 2024 esa proporción se ha reducido drásticamente, evidenciando un cambio fundamental en el modelo de acumulación patrimonial.

La vivienda, históricamente el pilar fundamental, sigue siendo el principal activo, pero su accesibilidad se ha vuelto un sueño inalcanzable para muchos, especialmente para la Generación Z, que se enfrenta a un mercado de alquiler brutal y a la perspectiva de no poder acceder a la propiedad.

Un futuro incierto para los jóvenes

Un futuro incierto para los jóvenes

Los datos son demoledores. Según un estudio de la Fundación Afi, la tasa de propiedad entre los menores de 35 años ha caído casi un 30% en apenas 16 años, pasando del 70% inicial del siglo a un preocupante 36,7%. Al mismo tiempo, el alquiler se ha consolidado como la principal opción, pero a costa de una menor capacidad de ahorro y una menor calidad de vida.

La riqueza neta mediana de los hogares encabezados por menores de 35 años se sitúa en apenas 22.900 euros, una cifra que representa un desplome del 72% respecto a los 81.700 euros de 2008. Una generación, por lo tanto, más pobre que sus padres en la misma edad, con menos ahorros y mayores dificultades para construir un patrimonio.

La brecha generacional se amplía

La brecha generacional se amplía

La reducción del endeudamiento entre los jóvenes es, a primera vista, una buena noticia. Sin embargo, esta disminución se debe, en gran medida, a que muchos ya no tienen acceso a hipotecas, quedando excluidos del mercado inmobiliario. Esta brecha se suma a la ya existente en términos patrimoniales: los hogares mayores han logrado sostener y, en algunos casos, aumentar su riqueza, mientras que los jóvenes han visto deteriorarse su posición relativa. Se trata de una ‘bola de nieve’ que perpetúa la desigualdad.

La inflación, que ha erosionado el poder adquisitivo, se suma a la lentitud de los salarios. La renta anual promedio de estos hogares ha subido solo un 10%, mientras que los precios han aumentado un 38%, dejando a la Generación Z con menos dinero para invertir y ahorrar.

Y, paradójicamente, mientras los jóvenes españoles se enfrentan a una realidad económica sombría, la Generación Z se perfila como la más rica de la historia, un contraste inquietante que exige una reflexión urgente.