El multimillonario caudwell: austeridad y amor incondicional para sus ocho hijos
John Caudwell, el fundador de Phones 4u y Singlepoint, no es ajeno al lujo. Ha amasado una fortuna considerable, pero su enfoque hacia la crianza de sus ocho hijos, incluyendo a uno como padrastro, desafía los estereotipos de la riqueza. En una reciente entrevista a Business Insider, el empresario británico revela una filosofía sorprendentemente frugal, que contrasta con su posición económica.

De stoke-on-trent al superyate: una lección de perspectiva
Caudwell, quien creció en una modesta casa adosada, afirma que no quiere privar a sus hijos de todo, pero tampoco perpetuar la cultura del derroche que a menudo acompaña a la opulencia. “Todo el mundo quiere ser mimado, pero es muy importante que mantengamos a nuestros hijos con los pies en la tierra”, explica. Un ejemplo claro de esta filosofía es su política de viajes: mientras él viaja en clase ejecutiva, sus hijos menores vuelan en clase turista con su pareja, la ex olímpica Modesta Vžesniauskaite, utilizando aerolíneas de bajo coste como easyJet. La idea es simple: mostrarles la realidad, la vida “normal”.
El control sobre el lujo se extiende al consumo. “Prácticamente no tienen ropa de diseñador”, reconoce. ¿La razón? “Si vas a Gucci y pagas mil libras, ¿los niños son más felices? No, no lo son. ¿Terminan teniendo una actitud muy malcriada? Sí, probablemente sí.” Prefiere la ropa de Zara y Primark, y observa con cierta ironía que incluso en restaurantes, sus hijos pequeños comparten un plato de nuggets de pollo, evitando el despilfarro. “Siempre recuerdo que, cuando una de mis hijas era pequeña, fuimos a un restaurante y me preguntó: 'Papá, ¿te importaría mucho en esta ocasión si pido un bistec con patatas fritas?'”.
Un error corregido: el exceso de regalos en Navidad. Caudwell confiesa haber cometido un error al inundar a sus hijos con demasiados regalos en la infancia, generando más confusión que alegría. “Rebuscaban entre todas las cajas y terminaban jugando con una caja de cartón.” Ahora, se limita a dos o tres regalos por Navidad, priorizando un apoyo financiero que les permita perseguir sus propios logros académicos y profesionales.
Más allá de las finanzas, Caudwell subraya la importancia del afecto incondicional. “Pase lo que pase en la vida de tu hijo, le estás diciendo constantemente que lo amas. No importa cuánto tenga que castigarlos, siempre va seguido de: 'Bueno, por supuesto, te amo, cariño. Te amo mucho, pero tengo que disciplinarte porque tienes que crecer para ser personas significativas y buenas'”. Una fórmula que, a juzgar por la trayectoria de sus hijos – psicoterapeuta, agente inmobiliario, músico, banquero – parece funcionar.
El mensaje final de Caudwell es directo: “¿De qué sirve que sean ricos si son infelices? ¿De qué sirve que sean olímpicos si son infelices?
