El miedo nuclear acecha europa: ¿una nueva guerra fría?

La sombra de una escalada bélica en Oriente Medio ha despertado fantasmas dormidos en Europa. Ante la incertidumbre generada por la guerra en Irán y las impredecibles declaraciones de un presidente estadounidense cada vez más proclive a la confrontación, varios países del continente replantean su estrategia de seguridad, considerando incluso la posibilidad de un armamento nuclear propio. Un giro radical que amenaza con desestabilizar el precario equilibrio de poder global.

El escudo estadounidense, en entredicho

Durante décadas, Alemania y Polonia, entre otros, han dependido del paraguas nuclear estadounidense para su protección. Sin embargo, las recientes amenazas de Donald Trump de anexionarse Groenlandia, sumadas a su imprevisibilidad en política exterior, han erosionado esa confianza. La propuesta francesa de extender la capacidad de disuasión estratégica a todo el continente, acogida con beneplácito por algunos gobiernos, se interpreta como una respuesta pragmática a un entorno cada vez más hostil.

Pero no todos ven con buenos ojos esta deriva armamentista. China y Rusia, potencias nucleares con sus propios intereses, han advertido sobre el peligro de una proliferación descontrolada, especialmente en Japón y Corea del Sur. Un temor compartido, pero que no impide a Moscú observar con atención los movimientos en Europa.

¿Un retorno a las pruebas atómicas?

¿Un retorno a las pruebas atómicas?

La situación se complica aún más ante la posibilidad de que Estados Unidos, tras una pausa de más de tres décadas, reanude las pruebas de bombas atómicas. Una orden ejecutiva de Trump, impulsada por un deseo de recuperar protagonismo en el escenario internacional, podría poner en jaque el Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares y desencadenar una nueva carrera armamentística.

El sistema de control de armas, forjado tras la devastación de la Segunda Guerra Mundial y consolidado con acuerdos como el Nuevo START, se encuentra en una encrucijada. La erosión de la confianza entre Washington y Moscú, agravada por el aumento de la capacidad nuclear china, ha debilitado los pilares de esta arquitectura de seguridad.

La proliferación, un riesgo palpable

La proliferación, un riesgo palpable

La realidad es que, a pesar de que solo nueve naciones se reconocen como estados con armas nucleares, más de veinte poseen la infraestructura y el conocimiento técnico para desarrollar la bomba atómica. Basta con 25 kilogramos de uranio altamente enriquecido o 8 kilogramos de plutonio para construir un arma capaz de destruir una ciudad. La percepción de que renunciar a estas armas deja a las naciones vulnerables, especialmente en regiones como Oriente Medio y Asia Oriental, está impulsando a algunos países a reconsiderar su postura.

Las palabras de Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, suenan a llamada de atención: “Un mayor número de armas nucleares en más países no hará que el mundo sea más seguro, sino todo lo contrario”. Un riesgo que Trump, paradójicamente, ha reconocido en repetidas ocasiones, advirtiendo sobre el peligro de una Tercera Guerra Mundial.

Acuerdos selectivos y hipocresía internacional

La decisión estadounidense-israelí de atacar a Irán, buscando eliminar su programa nuclear, contradice la aparente preocupación por la no proliferación. Paralelamente, Estados Unidos ha propuesto compartir Tecnología nuclear sensible con Arabia Saudita, incluyendo la cooperación en el enriquecimiento de uranio y el reprocesamiento de plutonio. Una cesión que, según expertos en no proliferación, es “hipócrita” y socava la credibilidad de Washington.

Mientras Corea del Norte lanza misiles balísticos que podrían alcanzar territorio estadounidense, y China continúa desarrollando sistemas de lanzamiento con capacidad nuclear, países como Japón y Corea del Sur, desilusionados por la incertidumbre del apoyo estadounidense, ven con creciente simpatía la posibilidad de adquirir su propia capacidad nuclear. Un debate que, según un informe del Instituto Asan, ha ganado terreno entre la población surcoreana.

Ante este panorama desolador, la reunión de las Naciones Unidas para revisar el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, que tendrá lugar el próximo mes, se presenta como un último intento de evitar el abismo. Pero, como señala Jeffrey Lewis, director del Programa de No Proliferación de Asia Oriental,