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El fin de la propiedad digital: ¿alquiler permanente de software?

Recuerdo la emoción de abrir la caja de un nuevo programa. El manual, los disquetes… era un ritual que te conectaba con la herramienta. Hoy, esa experiencia es un recuerdo nostálgico. La industria tecnológica ha cambiado, y con ella, nuestra relación con el software y el contenido digital.

La suscripción devora la propiedad

La suscripción devora la propiedad

Las suscripciones mensuales se han convertido en el modelo dominante, y en España ya representan un gasto anual de 286 € por hogar, según datos de EAE Business School. Esto no afecta solo al software; libros electrónicos con licencias revocables, dispositivos con funciones bloqueadas y plataformas de streaming con restricciones de acceso son solo parte de este panorama. ¿Estamos pagando cada vez más por algo que nunca realmente poseemos?

Cory Doctorow, un pensador incisivo, ha acuñado el término “enshittification” –un eufemismo para describir la degradación progresiva de los servicios digitales. Atraen usuarios con una oferta atractiva, para luego, una vez enganchados, sacrificar la calidad y la experiencia en pos de maximizar los beneficios. Y la lógica de las suscripciones, en muchos casos, acelera esa dinámica.

Pero no todo está perdido. En medio de esta deriva hacia la dependencia, emerge una alternativa poderosa: el software libre. Richard Stallman, un visionario que hace décadas alertó sobre la importancia de la libertad sobre el precio, parece haber profetizado esta situación. El software open source nos ofrece algo invaluable: autonomía.

Proyectos como Linux, LibreOffice, OBS o Blender demuestran que es posible crear herramientas competitivas y potentes sin ataduras a cuotas mensuales o plataformas cerradas. No se trata solo de una opción económica; es una declaración de principios, un recordatorio de que la Tecnología puede construirse sobre la transparencia, el conocimiento compartido y el control del usuario.

Mientras la industria nos empuja a un modelo de alquiler permanente, el open source ofrece una vía de escape, una oportunidad de recuperar el control sobre nuestras herramientas digitales. La pregunta ya no es si podemos permitirnos el lujo de pagar una suscripción, sino si estamos dispuestos a renunciar a nuestra libertad digital a cambio de una falsa comodidad.

Y la cifra habla por sí sola: en 2024, el gasto medio en suscripciones digitales por hogar español supera el desembolso anual en educación. ¿Es este el futuro que queremos?