Brics paralizado: la india en la encrucijada de oriente medio
La diplomacia global se enfrenta a un desafío mayúsculo: el bloque BRICS, que aspiraba a ser una alternativa al orden mundial liderado por Occidente, se ha mostrado incapaz de emitir una declaración unificada sobre el conflicto entre Israel e Irán. La parálisis, que pone en jaque la relevancia del grupo, deja a la India en una posición diplomática delicada, atrapada entre sus lazos con Washington y Tel Aviv, y su dependencia energética de Teherán.
El silencio que resuena en los pasillos de la diplomacia
El detonante fue la reciente campaña de ataques aéreos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que se cobró la vida de altos cargos del régimen y provocó una escalada de tensiones en una región ya volátil. La respuesta iraní, con el lanzamiento de misiles y drones hacia territorio emiratí y saudí, acentuó la fractura interna de los BRICS, un grupo que incluye a Irán, a los Emiratos Árabes Unidos y a Arabia Saudí, estos dos últimos en proceso de adhesión. Dos propuestas de condena a Israel y a EE. UU. fueron rechazadas, evidenciando las profundas divisiones que impiden al bloque actuar con contundencia.
Lo que nadie cuenta es que esta inacción no es nueva. Recordemos la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, un episodio que también dejó al BRICS en silencio, alimentando la percepción de irrelevancia en un mundo que demanda respuestas rápidas y firmes. El contraste con la condena a los ataques contra Irán en 2025 y el llamado a la retirada israelí de Gaza solo sirve para subrayar la inconsistencia del bloque.

La india en la cuerda floja: un equilibrio imposible
Nueva Delhi, bajo el liderazgo del primer ministro Narendra Modi, se encuentra en una encrucijada. Por un lado, mantiene lazos históricos y económicos fuertes con Irán, dependiendo en gran medida del flujo de petróleo y gas que transita por el Estrecho de Ormuz, una ruta vital para su economía. La India, además, es uno de los pocos países que ha negociado con éxito el tránsito seguro de sus buques cisterna por este estrecho, una hazaña diplomática que ahora se ve amenazada.
Pero hay un detalle crucial: Modi también ha cultivado estrechas relaciones con Estados Unidos e Israel, visitando Tel Aviv apenas unos días antes del estallido del conflicto. La presencia de casi 10 millones de ciudadanos indios trabajando en los Emiratos Árabes Unidos añade otra capa de complejidad a la situación, obligando a Modi a sopesar cuidadosamente cada movimiento.
El presidente iraní, Ebrahim Raisi, ha instado directamente a Modi a condenar la campaña militar de EE. UU. e Israel, pero la presión de los EAU y Arabia Saudí, profundamente afectados por los ataques, dificulta una respuesta contundente. China y Rusia, tradicionalmente aliados de Irán, podrían ofrecer su respaldo, pero la crisis económica que azota a los países emergentes que componen los BRICS limita su capacidad de acción.
La incapacidad de los BRICS para posicionarse sobre este conflicto no es solo un fracaso diplomático, sino una advertencia: el grupo, concebido como un foro para las naciones en desarrollo, podría convertirse en un mero club de conversación sin influencia real en la geopolítica mundial. La indecisión constante, lejos de promover la paz y la estabilidad, solo alimenta la incertidumbre y la desconfianza.
La situación actual, más que un simple episodio diplomático, es un reflejo de la creciente fragmentación del mundo y la dificultad de encontrar soluciones comunes ante los desafíos globales. El silencio de los BRICS, en este caso, resuena con fuerza, anunciando tiempos inciertos para la cooperación internacional.