Amazon busca 'el porqué' de sus repartidores: ¿una cortina de humo?

Amazon, en medio de una creciente presión legal y sindical, ha lanzado un curioso concurso llamado 'My Why', invitando a sus repartidores subcontratados a compartir las motivaciones detrás de su trabajo a cambio de un premio de 1.000 dólares. Una iniciativa que, a ojos de muchos, levanta más sospechas que entusiasmo, especialmente cuando se analiza en el contexto de las batallas legales que la empresa libra por su modelo laboral.

La estrategia de relaciones públicas bajo escrutinio

El concurso, ya cerrado, anima a los conductores de los llamados 'Delivery Service Providers' (DSP), las pequeñas empresas que gestionan a miles de trabajadores para Amazon, a describir qué les impulsa: el orgullo de llevar el uniforme, su camino hasta convertirse en repartidores, la satisfacción de entregar un paquete o cómo el empleo apoya sus metas personales. La propia compañía insiste en que se trata de un concurso “nacional” para celebrar el trabajo de sus “socios” y sus empleados. Pero la coincidencia con la inminente audiencia en el Ayuntamiento de Nueva York, donde se debatirá una ley que obligaría a Amazon a contratar directamente a sus repartidores de última milla, es demasiado evidente.

La empresa se apresura a aclarar que los ganadores serán elegidos de forma anónima por los propios DSP, intentando desviar las acusaciones de que se trata de una maniobra para contrarrestar la creciente presión legal. Steve Kelly, portavoz de Amazon, afirma que el concurso se alinea con la programación existente de la compañía y que no pretende utilizar las historias de los trabajadores para oponerse a la legislación. Un intento, quizás, de silenciar el creciente descontento laboral.

Un juez cuestiona el modelo de subcontratación

Un juez cuestiona el modelo de subcontratación

Pero la sombra de la ley de Nueva York se proyecta sobre otras batallas legales. En Los Ángeles, un juez de la Junta Nacional de Relaciones Laborales de EEUU está reanudando la audiencia de un caso en curso contra Amazon, donde se alega que la empresa de Seattle es, de hecho, la empleadora legal de un grupo de repartidores subcontratados y debería negociar colectivamente con ellos. La agencia de relaciones laborales argumenta que Amazon está explotando una laguna legal para evitar responsabilidades laborales.

La cifra habla por sí sola: Amazon opera con una red de miles de DSP que gestionan a cientos de miles de repartidores. Un ejército laboral precario, sometido a plazos ajustados y condiciones laborales a menudo cuestionables, que ahora ve cómo la empresa intenta, con un concurso de relatos, suavizar su imagen pública. La pregunta no es si Amazon busca premiar a sus trabajadores; sino si lo hace para evitar asumir las consecuencias de un modelo de subcontratación que, cada vez más, se antoja insostenible.

Mientras tanto, las audiencias en Nueva York y Los Ángeles se avecinan como duros golpes para el modelo de negocio de Amazon. La empresa, acostumbrada a salirse con la suya, se enfrenta a un muro de oposición legal y sindical que podría obligarla a reevaluar su relación con sus trabajadores, o al menos, a invertir más que 1.000 dólares en relaciones públicas.