Un catedrático transforma la discapacidad en oportunidad tecnológica
Antonio Sánchez Káiser, un nombre que hasta ahora resonaba en los pasillos de la Politécnica de Cartagena, ha demostrado que la ingeniería y la paternidad pueden converger en una fuerza disruptiva. La historia de BemyVega, su startup, no es la típica narración de éxito empresarial; es la epifanía de un padre que, impulsado por el amor y la desesperación, construye una solución tecnológica para el mundo, comenzando por su propia hija.
De la frustración al propósito: el origen de bemyvega
El punto de partida es desgarrador: Vega, la hija de Sánchez Káiser, nació con una agudeza visual del 5%. La impotencia inicial, reconcome, se transformó en un imperativo. Recordando las enseñanzas del logoterapeuta Viktor Frankl, el catedrático encontró en el propósito la llave para canalizar su angustia. Su objetivo se cristalizó: crear la tecnología que permitiría a Vega estudiar en igualdad de condiciones. Así nació BemyVega en 2020, una empresa que desafía la noción tradicional de emprendimiento, forjada en el crisol de la necesidad familiar.
“He hecho muchas cosas a nivel de ingeniería”, afirma Sánchez Káiser, “pero nada se compara con la felicidad que transmite una madre al ver a su hijo prosperar en clase”. No se trataba solo de diseñar un producto; era de devolverle la autonomía y la alegría a Vega, y a tantos otros que se enfrentan a barreras similares.

Más allá de la visión: una herramienta para la inclusión
BemyVega no se limita a la corrección de deficiencias visuales. El sistema, que combina hardware –cámaras inteligentes– y software adaptable a ordenadores, tablets y móviles, se ha convertido en un catalizador para la inclusión. Su alcance abarca a personas con problemas de audición, disléxicos, daltónicos… una verdadera herramienta de nivelación en el acceso al conocimiento y a la cultura.
La startup ha movilizado una inversión y financiación pública y privada que supera los cuatro millones de euros. A pesar de su reciente adquisición por Grupo Inforges, Sánchez Káiser mantiene el control y la visión original: “Estamos ampliando el ciclo para que diferentes colectivos puedan desarrollarse como es debido”.
El impacto real se mide en historias como la de un estudiante de la Politécnica que, gracias a BemyVega, puede recibir todas las imágenes y audios de la clase en su ordenador, seleccionando entre múltiples fuentes: la pizarra, el profesor, las presentaciones o incluso vídeos de apoyo. La capacidad de zoom, ajuste de contraste y selección de áreas iluminadas transforman la experiencia de aprendizaje, eliminando barreras y fomentando la participación.
Sánchez Káiser subraya: “Ser diferente es un estigma. La tecnología les permite no llamar la atención, capturar la misma información que el resto. Esto significa conectar con la realidad”. Un pequeño gesto, como llevar petos fosforitos para que Vega pudiera identificar a sus compañeros en el recreo, ilustra la profunda empatía que impulsa este proyecto.

El futuro es accesible: un compromiso con la sociedad
Con una facturación que ya supera los 600.000 euros en los primeros meses de 2024, BemyVega se posiciona como un referente en accesibilidad tecnológica. Su modelo de negocio, que abarca desde ayuntamientos y centros educativos hasta fundaciones como la ONCE, promete un crecimiento sostenido. La venta de un programa que transforma contenidos digitales en formatos accesibles consolida su oferta integral.
Pero más allá de los números y las transacciones, lo que realmente define a BemyVega es su compromiso con una sociedad más inclusiva. La tecnología, en manos del catedrático Sánchez Káiser, se convierte en un puente hacia la igualdad de oportunidades, demostrando que la innovación, a veces, nace del corazón de un padre.
