Ia: la promesa rota que despide a empleados

La inteligencia artificial no está arrasando con empleos porque supere a los humanos, sino porque directivos han apostado fuerte a una narrativa que, por ahora, se desmorona ante la falta de datos que la respalden. Así lo revela un reciente análisis de Harvard Business Review, elaborado con datos de Gartner, que arroja luz sobre las verdaderas tendencias laborales que nos esperan este año. Y la conclusión es clara: la revolución que se nos vendió está lejos de ser una realidad palpable.

La desconexión entre inversión y retorno

La cifra es escalofriante: solo una de cada 50 inversiones en IA genera un impacto transformador, y apenas una de cada cinco ofrece algún tipo de retorno medible. Sin embargo, las empresas siguen recortando plantillas con la excusa de optimizar procesos gracias a la IA, una justificación que, según Gartner, solo se ha materializado en un 1% de los despidos del primer semestre de 2025. Un porcentaje que, a todas luces, pone en entredicho la estrategia actual.

Lo que nadie cuenta es el impacto en la calidad del trabajo. Con el auge del término “workslop”, que describe el contenido de baja calidad generado por herramientas de IA, las empresas están presionando a sus empleados para que utilicen estas herramientas indiscriminadamente. El resultado: los trabajadores dedican casi dos horas a corregir cada error, una paradoja que evidencia que la adopción masiva de IA, sin una gestión adecuada del cambio, conduce a una productividad inferior.

Salud mental en la mira y el auge del fraude

Salud mental en la mira y el auge del fraude

Pero la crisis no se limita al ámbito laboral. El informe de HBR también expone un problema silenciado: el impacto de la IA en la salud mental de los empleados. El 91% de los directores de tecnología admite que sus organizaciones descuidan la vigilancia de los efectos psicológicos del uso continuo de estas herramientas. Ya se están registrando disputas laborales por decisiones automatizadas que perjudican a los trabajadores, una señal de alarma que exige una reflexión profunda sobre la responsabilidad de las empresas.

El mercado laboral también se ve afectado por la desconfianza. Candidatos y empresas recurren a la IA para mejorar currículos y filtrar solicitudes, respectivamente, creando un clima de sospecha generalizada. Gartner pronostica que, para 2028, una de cada cuatro candidaturas será falsa, obligando a las empresas a buscar alternativas, como entrevistas presenciales y pruebas prácticas, para recuperar la credibilidad en los procesos de selección. A esto se suma el espionaje corporativo, con un aumento del 320% en incidentes registrados solo en 2025, donde se utilizan identidades robadas y deepfakes para infiltrarse en empresas.

El nuevo valor está en el proceso, no en la herramienta

El nuevo valor está en el proceso, no en la herramienta

La clave para prosperar en la era de la IA no reside en acumular herramientas, sino en identificar a los “process pros”: empleados capaces de rediseñar flujos de trabajo completos. Las unidades de negocio que apuestan por esta estrategia duplican sus ingresos. Y la última tendencia apunta a los “doppelgangers digitales”, réplicas virtuales de empleados de alto rendimiento. A medida que se popularicen, los trabajadores exigirán compensación no solo por el entrenamiento de los sistemas de IA, sino también por el uso de su imagen y conocimiento digital. La batalla por el valor en la era de la IA no se libra en el código, sino en el diseño inteligente de los procesos.

La ironía es palpable: las mismas empresas que despliegan la IA para optimizar sus operaciones son las que más están sufriendo las consecuencias de una implementación apresurada y descontrolada. La promesa de una revolución tecnológica impulsada por la IA se ha topado con la dura realidad de un mercado laboral en crisis, donde la eficiencia artificial a menudo se traduce en una pérdida de calidad y un aumento de la precariedad.