La fórmula del fin del mundo: el mito matemático que se ha vuelto viral

Una teoría viral sobre el fin del mundo ha estado haciendo ruido en las redes sociales, prometiendo una fecha límite para el colapso global en 2026. Sin embargo, esta idea no se basa en ninguna profecía o cálculo sobre el desastre, sino en un estudio científico de 1960.

El origen de la teoría

El trabajo original, publicado por Heinz von Foerster y su equipo, no trataba sobre la destrucción de la humanidad, sino sobre los límites de un modelo matemático aplicado al crecimiento de la población.

El modelo se basaba en una herramienta matemática llamada crecimiento exponencial, que permite proyectar tendencias a futuro. Al analizar los datos disponibles en ese momento, la ecuación llegaba a un punto en que la población se volvía infinita en términos matemáticos, lo que se situaba en la fecha del 13 de noviembre de 2026.

La interpretación errónea

La interpretación errónea

Los expertos afirman que ese resultado no debe interpretarse de forma literal. En matemáticas, un resultado como éste indica que el modelo ha alcanzado su límite y deja de ser válido, más que una predicción real del futuro.

En ese sentido, la ecuación funcionaba más como una advertencia sobre las presiones que un crecimiento descontrolado podría generar en el sistema, como tensiones sobre los recursos o conflictos, que como una predicción de un cataclismo.

Por qué la teoría ya no tiene sentido hoy

Por qué la teoría ya no tiene sentido hoy

El principal problema es que la premisa original no se ha cumplido. El crecimiento de la población no ha seguido una curva exponencial constante, sino que se ha moderado en muchas regiones debido a factores como el desarrollo económico y el acceso a nuevas tecnologías.

Al no cumplirse las condiciones originales del modelo, su proyección ya no es válida como herramienta para describir el presente. La transformación de un modelo matemático en una supuesta predicción del fin del mundo se debe a la simplificación y a la distorsión del mensaje original.

Este caso ilustra la dificultad de traducir el lenguaje científico a un formato comprensible sin distorsionarlo. La Ciencia no predijo un apocalipsis, sino que planteó una reflexión sobre hasta dónde puede crecer un sistema antes de volverse insostenible.